El Arte Rupestre y la Cueva de Altamira
Es un arte de cazadores que representa sobre todo animales, aunque también signos de oculto significado y contadas figuras humanas. Constituye la más depurada plasmación del pensamiento simbólico de nuestros ancestros, los primeros homo sapiens que colonizaron el occidente europeo hace unos 35.000 años.
Este ciclo artístico duró unos 25.000 años y en él se han distinguido varios períodos o "estilos". Se observan asimismo diferencias regionales, que definen distintas áreas dentro de un fenómeno cultural ampliamente extendido por la geografía europea. Hacia 10.000 antes del presente desaparecerá sin dejar rastro, al compás de los cambios ambientales que conducen al período climático actual y de las transformaciones económicas y sociales que aquellos llevan aparejadas.
En 1985, la UNESCO reconoció a la Cueva de Altamira un valor universal excepcional, considerándola como una de las primeras muestras del genio creador humano y un original testimonio de formas de vida extintas hace milenios. En 2008, el Comité del Patrimonio Mundial hace extensiva esa declaración a otras 17 cuevas decoradas de Asturias, Cantabria y el País Vasco, representativas de distintos aspectos de este primigenio fenómeno cultural, que acompañan a Altamira dando un contexto a su excelente conjunto parietal y ayudando a su mejor comprensión.
La inclusión de estos yacimientos arqueológicos en la selecta lista del Patrimonio Mundial supone, a la vez, un privilegio y un compromiso de gestión ordenada y eficaz. Las distintas administraciones implicadas han asumido este reto, diseñando un plan de gestión y creando una Comisión de Coordinación del bien, constituida por representantes de las tres Comunidades Autónomas y del Ministerio de Cultura.
Ahora este magnífico legado no incumbe sólo a los habitantes de las provincias y comunidades Cantábricas o a los españoles en general; es Patrimonio de la Humanidad y ante ella debemos responder en el deber y el empeño de transmitir a las generaciones futuras un bien que ha llegado hasta nosotros desde la noche de los tiempos, y del que somos los custodios temporales

