Esta enorme mancha forestal de 1.218 hectáreas cobija el bosque de roble albar más extenso de Cantabria, además de ejemplares de hayas que crecen en sus umbrías, acebos, tejos y un variadísimo sotobosque. Sus espesuras son refugio de corzos, jabalíes e incluso lobos, un paraíso en el que crían infinidad de rapaces. Desde Riopanero se adentra una pista forestal que permite admirar su excelente estado de conservación. No conviene apartarse, pues no es difícil perderse.
Paisajes del robledal
Tras el invierno, cuando el bosque desnudo aparece cubierto de nieve, la primavera, tardía por estos pagos, hace brotar un verde esplendoroso en el robledal. Pero es a finales del otoño cuando éste regala las vistas más espectaculares al vestirse de un ocre amarillento que alfombra sus limpias ondulaciones.
Tejos del interior
Para apreciar algunos de los ejemplares más singulares del árbol mítico de Cantabria, hay que apartarse —con precaución para no perderse— de la pista forestal, ya que los tejos siempre suelen crecer en lugares dificiles y, además, lo hacen de forma aislada, unos próximos a otros, pero sin formar bosque.
Rutas por el bosque
De Riopanero parte la única pista forestal que atraviesa Monte Hijedo para admirar su belleza. También el recorrido por su bosque puede integrarse en senderos ya trazados por la zona, como el que hilvana, en unas cuatro horas de caminata, Llano con el monasterio de Montes Claros, adentrándose por el robledal.
El mayor bosque de roble albar de Cantabria
De las 1.218 hectáreas que hoy ocupa en Cantabria Monte
Hijedo —una zona antaño más grande que explica que este topónimo se dé también en Burgos y Palencia—, unas 900 están arboladas, predominando el roble albar de una excelente calidad que convierte Monte Hijedo en uno de los robledales más valiosos y mejor conservados de la Comunidad. Serios competidores dentro de ésta, aunque no siempre se trate como en Hijedo de roble albar, serían los robledales de Ucieda, Monte Aá, Cieza
o Monte Canales.