Es LA PRINCIPAL DE LAS TRES VILLAS PASIEGAS constituidas en la época medieval, tríada que completan San Pedro del Romeral y San Roque de Riomiera. En ellas se palpa la vocación ganadera y el apego a lo propio que se respira en estos valles salpicados de cabañas en mitad del praderío en las que aún hoy se instala la familia pasiega al completo durante la muda, es decir, cuando hay que llevar a las vacas
a un pasto mejor.
Los pasiegos
El pasiego, debido al aislamiento ancestral de sus valles, ha conservado una idiosincrasia singular. El tópico dice que es individualista, desconfiado y buen comerciante, y mantiene un enorme apego a su tradición y a su tierra, a pesar de su condición trashumante,
obligado por la necesidad de llevar el ganado de pasto en pasto. Las cabañas techadas de lastras que, mitad vivienda mitad establo, se esparcen por las praderas para alojarlos durante la muda es una de sus señas de identidad, así como el cuévano, el capazo en el que transportan a la espalda todo lo imaginable.