En el área más occidental de la costa cántabra, donde termina la provincia asturiana, comienza el territorio correspondiente al municipio de Val de San Vicente, siendo la localidad de Unquera la que abre paso ejerciendo como eje de comunicación. La desembocadura del río Deva, a través de la ría de Tina Mayor, constituye la línea divisoria entre ambas regiones. Tanto ésta como la ría de Tina Menor, que forma el Nansa en su salida al mar Cantábrico, son dos de los privilegiados enclaves naturales que conforman la diversidad ecológica de este término de gran belleza paisajística, como se refleja en su escarpado litoral y en sus numerosas calas y playas.
En los catorce núcleos de población que lo integran, repartidos en una superficie de 50,9 km2, residen más de 2.600 habitantes, cuya economía se sustenta, en general, de la industria alimentaria, las actividades ganaderas y, cada vez más, de los ingresos que proporciona el turismo, un sector en auge en sus diferentes variantes. En este sentido, se ofertan múltiples actividades turístico deportivas, entre las que cabe resaltar el Descenso Internacional del río Deva en piragua, que se celebra a finales de agosto coincidiendo con la festividad de los Santos Mártires, en Unquera.
En cuanto a su patrimonio histórico, destaca la torre medieval de Estrada, ejemplo de organización de un antiguo centro de dominio señorial, que está declarada como Bien de Interés Cultural. Asimismo, sobresalen numerosas hileras de viviendas montañesas y casonas de los siglos XVII al XIX diseminadas por los pueblos de Luey, Molleda, San Pedro de las Baheras, Helgueras, Prío... y también en la capital municipal: Pesués.
HISTORIA
A partir de los yacimientos arqueológicos localizados en el territorio que hoy corresponde al municipio de Val de San Vicente y su entorno inmediato ha sido posible recomponer parte de los primeros episodios de este lugar. Los restos paleolíticos descubiertos, por ejemplo, en las cuevas del Pindal, en la localidad asturiana de Pimiango, así como los utensilios hallados en las cavidades de las Cabras (Luey) y del Rejo (Prellezo), que corresponden al periodo Magdaleniense, y las pinturas rupestres de Fuente del Salín, en Muñorrodero, constatan la existencia de pobladores desde épocas muy tempranas. A estas gentes, cuyo perfil indica que eran cazadores y que, además, vivían de la pesca fluvial y de la recolección, les sucedieron en el tiempo los indígenas prerromanos, siendo los orgenomescos el grupo que dominó esta área.
Dicho pueblo cántabro, como el resto de los grupos de la región, subsistía gracias a una agricultura muy básica, basada sobre todo en cereales, ya que por aquel entonces la vegetación era mucho más densa que la actual. Sin embargo, lo que no se ha logrado determinar con exactitud es el núcleo principal de esta gens, ya que entre los investigadores existen voces que apuntan al ámbito de San Vicente de Tina Mayor, mientras que otros se inclinan por ubicarlos en la zona de Tina Menor.
Desde el punto de vista cronológico, el siguiente momento conocido de la historia de Val de San Vicente remite a la época de los romanos. De ella son testigos cruciales las dos calzadas que atravesaban estas tierras. La primera es la conocida como la Vía de Agrippa o de la costa, que, procedente de Estrada y Abanillas, atravesaba Luey y, tras recorrer el litoral, continuaba su itinerario por Asturias. Aunque no hay constancia de ello, cabe pensar que durante la Edad Media esta vía fuera utilizada como ruta jacobea costera por los peregrinos que se dirigían o regresaban de Santiago de Compostela. Precisamente, este camino fue recorrido por el Emperador Carlos V en 1517 en su primer viaje por España.
La otra calzada es la que se ha dado en llamar Itinera Antigua, que se cruzaba con la anterior en la localidad de Estrada y era el enlace del puerto de San Vicente con la meseta castellana tras atravesar el valle del Nansa.
En la Edad Media, hacia el siglo XII, las diferentes aldeas de este valle occidental aparecen documentadas como partes integrantes de las Asturias de Santillana. Sus gentes eran de behetría, por lo que gozaban de condición jurídica libre, o, lo que es lo mismo, podían elegir libremente a su señor. Sin embargo, el Apeo de 1404 pone de manifiesto la extensión de los dominios señoriales de la Casa de la Vega y Castañeda. Esta última familia adquirió la jurisdicción sobre los concejos de Val de San Vicente a través de los privilegios reales otorgados por Juan II a su canciller Juan García Manrique (Casa de Aguilar y de Castañeda), en 1445 y 1447. Esta condición de tierra de señorío se mantuvo a lo largo de la Edad Moderna y hasta finales del siglo XVIII. No obstante, cabe destacar también la existencia de un linaje local de los más antiguos de la región: la Casa de Estrada, que estableció su núcleo jurisdiccional en la torre ubicada en la localidad que le da nombre. No se precisa cuándo se inicia este dominio, aunque varios autores han datado la torre –desde la que se tenían sometidos a los colonos y pequeños propietarios– en el siglo IX.
Desde el siglo XV y hasta que Fernando VII se reservó mediante la Real Célula de 1814 los nombramientos de los alcaldes mayores y corregidores, éstos eran designados por los marqueses para el ejercicio de la jurisdicción civil y criminal, como ocurría también en Rionansa y Tudanca. Ya en el siglo XIX el primer ayuntamiento constitucional correspondiente al término que hoy ocupa Val de San Vicente se formó en 1822 en Luey y estaba integrado en el partido judicial de Puentenansa. Sin embargo, no incluía los lugares de Estrada y Unquera, que pasarían a formar parte de este municipio en 1835, cuando adoptó la denominación actual, configurándose con los núcleos que mantiene hoy en día y quedando establecida su capital en Pesués. A partir de entonces quedó adscrito al partido judicial de San Vicente de la Barquera.
PATRIMONIO
Las huellas del pasado prehistórico de este municipio han quedado marcadas en varias de sus cavidades. Así, la cueva de Fuente del Salín, en Muñorrodero, descubierta en 1985. Ha proporcionado una serie de materiales paleolíticos (industrias líticas y óseas) concentrados en un estrato. Alberga varias manifestaciones de arte parietal ejecutadas con pigmento rojo y distribuidas por la cavidad. Están compuestas por una serie de 14 manos en negativo y 2 en positivo, así como diversos puntos aislados y en grupo. Se atribuye al Paleolítico Antiguo (Perigordiense Superior o Gravetiense).
Asimismo, en la cueva de las Cabras, en la localidad de Luey, se localizaron una costilla grabada y utensilios de hueso, datados en el Magdaleniense, mientras que de la misma época son las múltiples hachas, raspadores, etc., hallados en cueva del Rejo, en Prellezo. En este mismo pueblo, a unos 800 metros al norte del núcleo, se localiza el asentamiento de un antiguo poblado cántabro, conocido como castro del Castillo, que fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de yacimiento arqueológico en junio de 2004. El promontorio tiene forma de península y lo flanquean al oeste la ensenada de la Mina y por el este la ensenada de la Ballena, en la que desemboca un pequeño arroyo.
En el Cueto de Pechón, un paraje desde el cual se logra el control visual del Nansa en Tina Menor se aprecian restos de estructuras de formadas por varias líneas de murallas de carácter defensivo delimitando un recinto defensivo. El conjunto se data en el Hierro.
CASTRO DE CASTILLO
«El Castro de Castillo se encuentra en la rasa litoral occidental de Cantabria, sobre un promontorio marino denominado «Castillo», cuyo punto extremo que se interna en el mar es la denominada «Punta de la Garita». El lugar está unos ochocientos metros al norte del pueblo de Prellezo (Ayuntamiento de Val de San Vicente). El promontorio tiene forma de península y lo flanquean al oeste la ensenada de la Mina y por el este la ensenada de la Ballena, en la que desemboca un pequeño arroyo. La mayor parte del perímetro del promontorio está delimitado por pronunciados acantilados que caen directamente sobre el mar. Los únicos puntos accesibles del mismo son el istmo por el que se comunica con tierra firme por el sur y una parte de la ladera sudeste que desciende hacia la ensenada de la Ballena. La cota más alta de la península se alza a 53 metros sobre el nivel del mar. En el interior de esta península hay una amplia zona llana de cerca de 2 hectáreas. El horizonte visual alcanza por el oeste toda la costa asturiana hasta más allá de Llanes, quedando oculta una pequeña parte de la desembocadura del Deva en Tina Mayor por el saliente marino formado por la zona de Pechón (Cantabria). Hacia el este la costa inmediata queda tapada por las puntas que preceden al saliente que culmina en la Punta del Morro o de Berellín.
Las estructuras defensivas de este enclave castreño, a base de grandes murallas y terraplenes con fosos de gran entidad, corresponden al tipo de fortificaciones características de los castros marítimos de Asturias situados en similares promontorios marítimos. En el istmo de entrada dispone de un imponente sistema defensivo a base de una gran muralla cuyo potente derrumbe cubierto de césped todavía alcanza una altura de 10 metros. Esta muralla ha sido cortada por una pista moderna en el extremo oeste del istmo, que es donde parece que se encontraba la puerta. El corte permite ver un núcleo interno a base de tierra y piedra con bloques de mayor tamaño en los bordes que parecen corresponder al lienzo externo. Desde la puerta la muralla continúa unos metros cerrando la ladera sudoeste que cae sobre la ensenada de La Mina. En la cima de la parte frontal de la muralla que cierra el istmo por el sur son visibles afloramientos del derrumbe de piedra caliza. Este tramo de muralla frontal mide 45 metros de largo, descendiendo otros 28´30 metros por la ladera sudeste para enlazar con las otras líneas de murallas existentes en esta zona. Originalmente la cima de la muralla frontal parece haber tenido unos 4´90 metros de grosor. Cerca de la puerta es visible un ensanchamiento de 10 metros de largo por 4´10 metros de ancho que parece corresponder a un bastión o torreón.
A los pies de la parte frontal de la muralla principal que cierra en el istmo es visible un gran foso de 6 metros de anchura reforzado por un contrafoso exterior de entre 4´90 y 5 metros de anchura (el conjunto de muralla, foso y contrafoso alcanza unos 17 metros de anchura), defensas cuya complejidad y magnitud son poco habituales en los castros conocidos de los valles del interior.
La muralla frontal llega hasta la ladera este que desciende a la ensenada de la Ballena. En este punto toma dirección norte hasta los afloramientos rocosos para cerrar el acceso por esta pendiente, más accesible que la del oeste, recorriendo un tramo de 133 metros de largo. Bajo esta línea defensiva existen otras dos líneas de murallas. La intermedia tiene 50 metros de largo y un potente talud de 13 metros de altura. La inferior tiene un recorrido de 51 metros de largo. Entre estas líneas de muralla de la ladera este parece existir un camino de entrada al castro que sube en zigzag entre las líneas defensivas.
Del extremo norte de estas líneas de murallas que cierran la ladera de la ensenada de la Ballena bajan perpendicularmente a las mencionadas estructuras defensivas dos grandes alineamientos paralelos que llegan hasta la misma ensenada y que forman un pasillo de unos 11 metros de anchura. En esta ensenada desemboca un pequeño arroyo que es el punto de abastecimiento de agua más cercano al castro.
El interior del castro dispone de amplias zonas llanas que culminan en una zona alta en el extremo nordeste que forma una especie de acrópolis. Una parte del interior de la península fue parcialmente reutilizada en otras épocas para labores agrícolas. Con estas últimas parece que deba relacionarse el talud murado existente en el centro de la península en dirección norte sur. Existen otras estructuras adosadas a los afloramientos rocosos situados hacia el interior, detrás de la muralla principal, a base de muros de piedra trabados a hueso cuya finalidad agrícola no parece clara y que pudieran corresponder a la ocupación castreña.»
Descripción contenida en Resolución de 6 de mayo de 2003, por la que se incoa expediente de declaración de Bien de Interés Cultural, con la categoría de Yacimiento Arqueológico, a favor del Castro de Castillo en Prellezo, en el término municipal de Val de San Vicente.
El patrimonio arquitectónico religioso de Val de San Vicente incluye los templos de la Virgen del Hayedo de Muñorrodero, un templo de finales del XIII, principios del XIV, con un ábside con canecillos de filiación románica; Santa María de Prío, un templo de finales del XIII, principios del XIV, con puerta de ingreso gótica a base de arquivoltas apuntadas; Nuestra Señora de la Asunción de Abanillas, con un ábside del siglo XVII; San Juan Bautista de Helgueras, también del XVII; los ejemplos de arquitectura religiosa decimonónica: San Julián de Serdio y Nuestra Señora de la Concepción de Molleda; Nuestra Señora de la Natividad de Muñorrodero, construida en 1930; y por último la iglesia de Portillo,
Además, existen varias primitivas construcciones religiosas en estado ruinoso entre los cuales es de destacar la antigua iglesia gótica del cementerio de Portillo, declarada Bien de Interés Local. De ella tan solo se conservan restos de la cabecera o ábside de un antiguo templo, de mampostería, y la puerta de entrada con arco de medio punto. Su fecha de construcción se sitúa en torno al siglo XV. También arruinadas estás Santa Eulalia de Prellezo, de cronología similar a la de Portillo; Santa Marina de Pedro de las Baheras, del siglo XVI; San Pedro de las Baheras, también del XVI; y San Pedro de Pesués, destruida durante la Guerra Civil.
RUINAS DE IGLESIA MEDIEVAL DEL CEMENTERIO DE PORTILLO
«Las denominadas Ruinas de la Antigua Iglesia Medieval del Cementerio de Portillo constituyen los restos de la cabecera o ábside de un antiguo templo. Este ábside presenta una planta cuadrada y está cubierto por bóveda de crucería. Se accede a través del arco triunfal apuntado y doblado que arranca de dos sencillos capiteles sin decoración. Los muros están armados con mampostería y los sillares aparecen en los esquinales. En el exterior, aparte de los sencillos canecillos lisos, se observan varios vanos de tamaño muy reducido y conforma de aspillera, salvo dos vanos geminados con los dinteles labrados con motivos geométricos abiertos en los muros meridional y oriental. La iglesia a la que pertenecía el ábside parece ser que estuvo bajo la advocación de Santa María y representaba un ejemplo del gótico rural de los siglos XIII y XIV.»
Descripción contenida en la Resolución, por la que se declaran Bien de Interés Local, con la categoría de Inmueble, las Ruinas de la Antigua Iglesia Medieval del Cementerio de Portillo, en el término municipal de Val de San Vicente.
Val de San Vicente alberga la singular torre de Estrada, de características únicas en el conjunto de las fortificaciones medievales de Cantabria, tanto por su fisonomía –de ligera tendencia piramidal, realizada en mampostería carente de esquinales de sillería–, como por el conjunto del que forma parte, que incluye un recinto amurallado, los restos de un foso, patio de armas y capilla. Su lema reza “Yo soy la Casa de la Estrada / fundada en este peñasco / Más antigua en la Montaña / que la casa de Velasco / y al Rey no le debe nada”, le tocó en suerte a Fernán Ruiz, El Duque, al repartir en el siglo XII con sus hermanos las casas solariegas situadas en las Asturias de Santillana que había heredado de su padre Rodrigo González de Estrada. La fortaleza cuyo origen se considera puede remontarse a los siglos VIII-IX, fue reconstruida en torno al siglo XIII. En el interior del recinto amurallado incluye la ermita de San Bartolomé, un edificio de una nave, ábside rectangular y bóveda de cañón, con canecillos de tradición románica en su cornisa sur. Sobre el arco apuntado de entrada al templo se pueden ver los escudos de armas de Ceballos y la Estrada, cuya colocación se atribuye a Ferrán García Duque casado con Elvira de Ceballos y fallecido en una batalla en Araviana en 1359 que enfrentó a los ejércitos de Pedro I de Castilla y al grupo de caballeros liderados por Enrique de Trastámara y el infante Tello que respaldaban a Pedro IV de Aragón. El conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural en 1992. En 1995, el ayuntamiento obtuvo la cesión de la torre de sus propietarios y se emprendió un proyecto de recuperación del conjunto, que se encontraba en ruinas. En la financiación de estas obras han participado el ayuntamiento de Val de San Vicente, la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte y los Ministerios de Fomento y Cultura. Hay otra torre en Prellezo, posee estructura similar a la de Estrada, está fabricada en mampostería y tiene forma de pirámide truncada. Esta construcción medieval, que posiblemente date del siglo XII, parece que podría haber pertenecido también a la Casa de Estrada.
En el municipio de Val de San Vicente se alzan todavía numerosas muestras de arquitectura de la Edad Moderna, entre ellas se cuentan algunas construcciones del siglo XVI en Pechón y el núcleo primitivo de Molleda. Son numerosos los ejemplos del siglo XVII como la de los Sánchez del Pozo en Abanillas, compuesta por una torre de tres alturas –se plantea el posible origen medieval–, y una casa adosada –porta un escudo con una inscripción que la fecha en 1695–; la casa mayor de Luey con planta rectangular situada junto a la ermita de San José, la casa llamada ‘El Palacio’ de Luey; la casa de la calle del Sol de Molleda. Así mismo también se mantienen varios edificios y conjuntos del XVIII, como el del Valledal, compuesto por la casa de los Escandón y la antigua capilla.
Son de destacar las series de viviendas en hilera levantadas entre el siglo XVII y XIX en distintos núcleos de este municipio, compuestas por varios bloques separados por amplios muros cortafuegos y singularizados por amplias solanas. En particular, reseñar los situados en el barrio de la Parra, en Helgueras, y los llamados ‘La Conejera’, en Molleda, y la de ‘El Cotero’, en Prío.
Son varios los ejemplos de arquitectura decimonónica de interés, entre ellos varias residencias familiares adscribibles a la llamada arquitectura de ‘indianos’, caracterizada por los miradores y las estructuras férreas. Como ejemplo en particular es de destacar ‘La Azotea’ de Pesués (1902) o villa Mercedes de Unquera. Como ejemplo de arquitectura pública ha de reseñarse el colegio de San Felipe Neri de Unquera, complejo escolar edificado en 1914, equipado con una capilla que alberga un retablo neogótico.
PATRIMONIO NATURAL
En los 50,9 km2 sobre los que se asienta Val de San Vicente convergen múltiples elementos naturales que conforman todo un mosaico de colores, en los que predominan el azul y dorado de sus playas y el verde de sus prados y bosques. Es una combinación que hace de este lugar un medio de gran interés paisajístico y ecológico, en el que destacan la desembocadura de los ríos Deva y Nansa, que en sus último tramos forman las rías de Tina Mayor y Tina Menor, respectivamente. Entre el curso de ambas se alzan las sierras planas, uno de los elementos característicos de la costa occidental de Cantabria. Se trata de superficies elevadas y llanas, entrecortadas y alineadas entre sí, que proporcionan un peculiar conjunto y representan los niveles más altos de rasas marinas en la región.
Dos elevaciones planicies de este tipo, más desarrolladas en la provincia asturiana, son las sierras planas del Llano, en Pechón, y de la Jerra, en Prellezo, desde las cuales se pueden contemplar bellas panorámicas de estos núcleos con el mar Cantábrico como telón de fondo.
Al norte de dichas sierras se encuentra una plataforma irregular que termina en un recortado acantilado, de una altura aproximada de 40 m, surcado de pequeñas playas. La acción erosiva del agua, unido a los procesos kársticos, han sido los generadores de estos impresionantes cantiles, en los que se distinguen varias puntas, como la del Morro de Prellezo y la de Berellín, la del Fraile, la de África, la de Pechón y la de la Vigía de la Garita, entre otras.
En la costa también se localizan ensenadas, que ocasionalmente se desarrollan hacia el interior en vallejos y pequeñas gargantas, como la de Job o la cala de Progendo, y algunos islotes próximos, como la isla de Sarnosa o de las Lastras de Pechón. Ambas se encuentran en el ámbito correspondiente a esta última localidad.
La primera también es conocida por los oriundos como El Castro los Carneros, mientras que a la segunda, ubicada frente a la playa de Amió, se la denomina El Castril y es un tómbolo –unido a la playa en la bajamar pero aislado en la pleamar– que tiene gran interés geomorfológico por la escasa representación de estas formaciones en el litoral cántabro.
El paisaje del municipio se transforma cuanto más al sur, pues la influencia del mar se atenúa, imponiéndose la presencia de la montaña baja. En general, presenta un relieve de suaves ondulaciones, que en contadas ocasiones sobrepasan levemente los 300 m. Destaca el pico de los Moros (358 m), en su franja más occidental, o el monte Cabana (353 m), en su extremo más suroriental. Val de San Vicente está incluido en el área correspondiente al Parque Natural de Oyambre, un espacio natural costero, de más de 5.700 ha, que engloba uno de los sectores más variados y valiosos, así como mejor conservados, de todo el litoral cantábrico, y que sobresale por su gran riqueza ornitológica.
Ríos. Desde el punto de vista fluvial destacan las rías de Tina Mayor y Tina Menor, ricos ecosistemas marinos de marisma, cuyo origen se establece en el Cuaternario. La primera constituye la desembocadura del río Deva, siendo también el límite entre Cantabria y Asturias. Este estuario encuentra su salida al mar entre las accidentadas laderas de las sierras planas. Sus características son muy similares a las de la cercana ría de Tina Menor, a través de la cual se funde con el mar el río Nansa tras atravesar las laderas de las sierras planas de Pechón y Prellezo. En ambos casos, por tanto, constituyen la meta final del curso de dos de los ríos más destacados de Cantabria. Ambos son famosos por su gran riqueza piscícola en especies de agua dulce, como la trucha o el piscardo, y de aguas saladas, como el salmón y la anguila.
El municipio de Val de San Vicente comprende 14 núcleos poblacionales:
Abanillas:
Con 180 metros de altitud, es una de las localidades más altas del término y dista 5 km de la capital. Sus 93 habitantes se reparten en su núcleo central y en los barrios de La Cuesta, El Pueblo, La Piñera y El Cotero.
Estrada:
Este pueblo se ubica en la marina interior, a 4 km de la capital y a una altitud de 110 m sobre el nivel del mar. Cuenta con tan solo 24 habitantes, lo que le convierte en el núcleo poblacional más reducido. Su importancia radica en el conjunto medieval que alberga y al que da nombre: la torre de Estrada.
Helgueras:
75 habitantes conforman la población de este núcleo ubicado a 6 km al sur de Pesués y a 110 m de altitud. Cuenta con un mirador a la entrada del pueblo, desde el que se puede observar buena parte de la marina interior.
Luey:
A 3 km al sur de Pesués se localiza este pueblo de 174 habitantes, que se distribuyen en los barrios de La Espinuca, El Argumal, La Picota y Somavilla. Tiene una altitud de 110 m.
Molleda:
En la ribera derecha del río Deva se encuentra este núcleo de disposición alargada, en el que residen 200 habitantes. Dista 4,5 km de la capital municipal y tiene 20 m de altitud.
Muñorrodero:
Esta localidad, ubicada en la margen derecha del río Nansa, a 20 m de altitud y a 1 km al sur de Pesués, cuenta con una población de 104 habitantes.
Pechón:
220 habitantes pueblan este núcleo alargado situado a 3 km al norte de la capital y cuya altitud es de 70 m. Es un área de gran interés desde el punto de vista natural, en la que destacan su encinar y sus playas.
Pesués: Es la capital y está localizada en la desembocadura del río Nansa. Su población, de 384 habitantes, se reparte entre los barrios de Villanueva, La Aldea, La Barca de Arriba, La Barca de Abajo y los Tánagos. Se encuentra a 73 km de Santander y su altitud es de 30 m.
Portillo:
Entre los barrios de Portillo de Arriba y Portillo de Abajo se dividen los 89 habitantes de esta aldea, que dista 5 km de Pesués y tiene una altitud de 140 m.
Prellezo:
A 3,5 km al este de la capital, al pie de la Sierra de Jerra, se halla este pueblo de 192 habitantes, que tiene una altitud de 70 m.
Prío. Este núcleo poblacional, distante 2,5 km de la capital municipal, cuenta con 81 habitantes y está situado a 100 m de altitud.
San Pedro de las Baheras:
Con 54 habitantes, esta localidad es la segunda más reducida del municipio desde el punto de vista demográfico. Está dividida en los barrios de Escandar, El Hoyo y Santa Marina. Además, es la más alejada de la capital municipal, de la que dista 7 km. Su altitud es de 210 m.
Serdio. La población de este núcleo, situado a 3 km al sureste de Pesués y a 115 m de altitud, la integran 179 habitantes.
Unquera:
En el límite con Asturias se encuentra esta localidad que, con 746 habitantes, además de ser el núcleo poblacional más importante, constituye un destacado nudo de comunicaciones a escala comarcal, así como un pequeño centro industrial y de servicios. Su nombre proviene de la junquera que existía en el territorio sobre el que se asienta. Dista 1,5 km de Pesués y tiene una altitud de 15 m.