Por antiguos caminos a orillas del Besaya.
Evocadores castillos, colegiatas y ermitas románicas, palacios señoriales, casonas solariegas, escudos nobiliarios y encantadoras aldeas jalonan la cuenca del río Besaya y forman parte de la realidad de esta comarca.
Este itinerario nos permitirá ser testigos de excepción del pasado histórico de los cántabros, como lo han sido las orillas del río por donde pasaron antiguos caminos como la calzada romana que unía la meseta con los puertos del Cantábrico, o el Camino Real, también conocido como el camino de las «lanas».
Junto a estos atractivos, las singulares tradiciones populares y el magnífico Parque Natural del Saja-Besaya, la reserva de flora y fauna más extensa de Cantabria, ofrecen al viajero las claves perfectas para disfrutar de un viaje inolvidable.
El río Besaya atraviesa en dirección norte la comunidad de Cantabria y divide la región en dos mitades. Históricamente, este valle fluvial ha sido una importante vía de comunicación y, ya en los años 29-19 antes de Cristo, los romanos construyeron una calzada que unía la meseta con los puertos de Suances y Santander.
Su cuenca señaló también el camino de penetración del arte románico en Cantabria y fue una de las referencias de las rutas que utilizaron los peregrinos para acceder al Camino de Santiago desde Santillana del Mar. Con posterioridad, esta vía de comunicación formó parte del Camino Real, es decir del trayecto que seguían las «lanas» y las «harinas» castellanas hasta llegar a Santander, desde donde eran exportadas a Flandes y a otros lugares de Europa. En la actualidad, junto al río discurre la vía férrea y la carretera N-611 que une Palencia con Santander pasando por Reinosa y Torrelavega.
Precisamente, esta carretera será el hilo conductor que proponemos para descubrir la fascinante comarca de Besaya, que inicia en Torrelavega, segunda ciudad más importante de Cantabria, y termina en Reinosa, capital de la comarca del Alto Campoo.
Únicamente 23 kilómetros separan Torrelavega de Santander, distancia que se puede recorrer cómodamente por la autovía A 67.
Sin embargo, a quienes inicien esta ruta desde la capital cántabra les aconsejamos que se dirijan a Torrelavega por la N-623 para poderse detener en Muriedas, donde se encuentra el interesante Museo Etnográfico de Cantabria, visitar la cueva de El Pendo, en la que se halló el famoso bastón de mando del Paleolítico Superior que se conserva en el Museo Regional de Prehistoria y Arqueología de Santander, y conocer la interesante iglesia renacentista de Parbayón.
El museo de Muriedas, instalado en una típica casona montañesa del siglo XVII que fue residencia familiar de Pedro de Velarde, uno de los héroes del Dos de Mayo, es conjunto histórico desde el año 1985. Sorprende la cuidada ambientación interior de la casa, así como las diferentes colecciones de aperos de labranza, artesanía, objetos de cocina, instrumentos para hilar y otras herramientas y utensilios propios de la vida doméstica tradicional y popular de la región. En los jardines de la casona se puede contemplar un hórreo lebaniego, un pequeño almacén con objetos en restauración y un humilladero con esculturas del siglo XVIII.
La calzada romana.
Como ya hemos dicho, la cuenca del Besaya fue históricamente una importantísima vía de comunicación entre la costa cantábrica y Castilla. Por ella discurrió una calzada romana que desde Herrera de Pisuerga (Pisorica), en Palencia, se internaba en Cantabria pasando por Julióbriga (ciudad romana cercana a Reinosa) y luego se dividía para llegar hasta Suances (Portus Blendium) y Santander (Portus Victoriae).
La calzada, cuyos orígenes se remontan a las Guerras Cántabras (años 29 y 19 a.C.) y de la que se conservan numerosos restos, fue construida de modo que eludiese las angostas Hoces de Bárcena, un desfiladero que en aquellos tiempos debía de ser muy propicio para las emboscadas y por el que, en la actualidad, zigzaguea la N-611, bordeada por elevaciones calcáreas.
A la entrada de las hoces se halla Bárcena de Pie de Concha, que nos ofrece una nueva muestra del románico: la iglesia parroquial del siglo XII dedicada a san Cosme y a san Damián y en cuyo interior se conserva la imagen de una Virgen de traza gótica.
El pueblo, que fue parada obligatoria de los carreteros que hace más de dos siglos recorrían el Camino Real, conocido como camino de las «lanas» o de las «harinas» y que enlazaba el puerto de Santander con la meseta, cuenta también con un notable conjunto de casas de estilo regionalista.
Desde Bárcena de Pie de Concha sale un ramal de la carretera que nos permite acceder a dos aldeas de cierto interés: Cobejo y Pujayo. La primera nos ofrece los restos de un notable castillo medieval del que queda en pie su enorme torre cuadrangular, mientras que el segundo destaca por la ermita románica de San Lorenzo que, probablemente, fue visitada por el emperador Carlos I en alguno de sus viajes. Los parajes que rodean a ambos pueblos son de gran belleza natural y resultan especialmente adecuados para el senderismo o para pasear por las orillas del Besaya.
Volvemos a la carretera nacional y seguimos nuestra ruta en dirección a Pesquera, un tranquilo municipio de poco más de cien habitantes que fue dominio del hijo del rey Alfonso XI. Durante el siglo XIX la población vivió una época de prosperidad basada en la actividad industrial de la ferrería de Gargallón, cuya antigua y «férrea» pujanza todavía se deja ver en las rejas ornamentales que lucen muchas casas del pueblo.
Merece una visita la iglesia de San Miguel, con hermosos muros de sillería con inscripciones del siglo XI, aunque el mayor atractivo de Pesquera es que a través de una pequeña carretera bien señalizada el visitante puede acceder a la aldea de Somaconcha, donde inicia el tramo mejor conservado de la calzada romana. Sus cinco kilómetros de recorrido (llega hasta Bárcena de Pie de Concha) representan uno de los paseos más originales y fascinantes que ofrece toda la región de Cantabria.
Entre un paisaje natural de indudable valor ecológico se podrán apreciar las piedras que en su día colocaron los romanos, las huellas dejadas por las rodaduras de los pesados carros, así como descubrir una evocadora aldea semideshabitada: Mediaconcha, a la que hasta hace poco tiempo sólo se podía acceder por esta calzada.
Después de una breve visita a la cercana localidad de Rioseco, en la se puede contemplar una ermita del románico montañés, regresamos a la N-611 para recorrer los escasos 10 kilómetros que nos separan de Reinosa, punto final de este itinerario e inicio de lotra de nuestras rutas. En este último tramo podemos detenernos en Cañeda, un pequeño pueblo repleto de casitas blancas y situado muy cerca del nacimiento del río Besaya, que presenta la interesante capilla románica de San Pantaleón.