El hallazgo de las pinturas de la Cueva de Altamira en 1879 significó el primer descubrimiento del arte rupestre del paleolítico.
Hace 15.000 años, los habitantes de estas cuevas, dejaron como elementos de expresión, grabados y pinturas en sus paredes y techos; Bisontes, Caballos, Ciervos, Manos, así como, misteriosos signos cabalísticos.
D. Marcelino Sanz de Sautuola mostró al mundo por vez primera, el arte parietal paleolítico a través de las pinturas de Altamira, localizadas en 1879.
En 1880, con la publicación de los "Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander" comenzó una encarnizada polémica donde Sautuola junto a su amigo el geólogo D. Juan de Vilanova i Piera defendían la cronología paleolítica de las pinturas parietales de Altamira: "Siguiendo el examen de la primera galería,... se encuentra el observador sorprendido al contemplar en la bóveda de la cueva un gran número de animales pintados, al parecer, con ocre negro y rojo, y de tamaño grande, representando en su mayoría animales que, por su córcova, tienen alguna semejanza con el bisonte" (palabras de Sautuola en "Breves Apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander" en 1880.
En cambio, dentro y fuera del país, se alzaron numerosas voces contrarias a Sautuola: los franceses Cartaillhac yMortillet, o lo que es lo mismo, los más prestigiosos prehistoriadores del momento, consideraron las pinturas de Altamira como una auténtica farsa. El descrédito más estrepitoso planeó sobre la incipiente investigación prehistórica española.
No fue hasta el año 1895, al descubrirse en la cueva de LA MOUTHE en la Dordoña, pinturas y grabados semejantes a los de Altamira, cuando empezaron a reivindicarse las tesis de Sautuola y Vilanova.
El asunto quedó zanjado con la publicación en L&pirme;Anthropologie por parte de E. Cartailhac de su conocido artículo: "Les cavernes ornées de dessins, la Grotte d&pirme;Altamira (Espagne). Mea-culpa d&pirme;un sceptique" (1902) Desgraciadamente Sautuola no había vivido lo suficiente para ver reivindicado su buen nombre.
Altamira es un referente ineludible en lo que atañe al estudio científico del arte y de las personas que habitaron la Península Ibérica durante el Paleolítico. Se la considera la "Capilla Sixtina del Cuaternario" por su belleza y riqueza de temas y de técnicas.
Los hombres del paleolítico utilizaron distintas técnicas, como trazos con los dedos sobre arcilla blanda, grabados y pintura negra, figuras en rojo, esgrafiados, dibujos monocromos, algunos silueteados y otros rellenos de color y los polícromos que sobresalen por encima de todos. Los materiales que emplearon, eran fundamentalmente ocres, óxidos de hierro y carbón vegetal. Para la aplicación del color utilizaban las manos, trozos de piel y crines de animales; para grabar, buriles y otros instrumentos afilados.
El artista de Altamira graba primero sobre la pared de la cueva la figura deseada con una piedra afilada. Posteriormente pinta sobre lo grabado, marcando el contorno en negro con carbón vegetal. El relleno va en ocre logrado a partir de óxido de hierro en polvo. Utiliza agua para diluir los pigmentos y los aplica o con la mano o con un tampón de materia vegetal o bien por soplado (aerografía) con un hueso hueco de ave y proyectándolos como si de una cerbatana se tratara. El pintor se ilumina con lámparas de tuétano, que dan una luz intensa y limpia y no ennegrecen las paredes. La humedad natural de la cueva fija y mantiene la frescura de los colores.
Los animales representados son bisontes, renos, mamuts, caballos, ciervos, cabras, etc. Algunos ya están extinguidos de Europa pues eran propios de clima frío. En Altamira concretamente, los bisontes son el animal más numeroso y aparecen de pie, mugiendo, echados, con la cabeza vuelta, etc. Casi todos están concentrados en el espectacular techo de 18 x 9 metros. El artista los pinta muy realistas, con muchos detalles (hocico, ojos, cuernos, pelaje, sexo, pezuñas, rabo, etc.), los conoce muy bien en su anatomía y comportamiento ya que los caza para comérselos. En un alarde de perfeccionismo, el pintor aprovecha los salientes naturales de la roca para pintar encima los bisontes y obtener un realismo absoluto con la sensación de relieve que se produce. Además de los bisontes, Altamira cuenta con caballos, jabalíes, cabras y una monumental cierva de 2,25 mts.
Desde siempre nos ha intrigado el sentido y el propósito de las pinturas rupestres paleolíticas. Primero se pensó en el “arte por el arte”, las figuras decorarían las cuevas dónde vivían. No obstante, las zonas pintadas son recónditas, de difícil acceso y contemplación. Más creíble parece la hipótesis de la “Magia de Caza”, es decir, el artista pintaría los animales que después cazaría el clan. Muchos bichos tienen armas clavadas o les faltan partes de sus cuerpos (en Altamira hay bisontes sin cabeza); sería tal vez una especie de vudú para propiciar la caza, de cuyo éxito dependía la supervivencia del clan.
Existen también signos misteriosos en las paredes de las cuevas cuyo significado desconocemos, podrían ser trampas, laberintos o alusiones sexuales a la fertilidad y fecundidad. Otro motivo pictórico son las manos en positivo o en negativo (poner la mano sobre la pared y pintar encima, al quitarla queda el negativo). El techo de polícromos de la cueva de Altamira tenía originalmente una altura de 1 metro sobre el suelo, el artista trabajaría por tanto en incómodas posturas.
El Museo
En los modernos almacenes de Altamira, climatizados y adaptados a las máximas exigencias de conservación, se custodian importantes colecciones arqueológicas procedentes de diversos yacimientos cantábricos. Destacan, lógicamente, los fondos procedentes de las distintas excavaciones realizadas en la propia cueva de Altamira, pero aparecen representados otros yacimientos igualmente singulares como Chufín, Rascaño, Salitre, Juyo, La Pila o El Castillo.
El Museo cuenta con un amplio fondo de piezas arqueológicas originarias de la cueva de Altamira, entre las que podemos destacar los colgantes decorados sobre hioides de caballo del Nivel Solutrense de Altamira, la cabeza de cierva de la Cueva del Juyo, el grabado con forma de caballo o el arpón con decoración serpentiforme de la Cueva de la Pila.
A las ricas colecciones del Museo de Altamira se suman numerosos objetos procedentes de otros centros que han cedido en depósito piezas de especial importancia para el nuevo guión expositivo.