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Dicen algunos que los pasiegos son gente distinta, huidiza y habituada al silencio y a la soledad. Tal vez sea cierto, pero no lo es menos que el enorme e insospechado encanto de esta comarca tiene mucho que ver con el carácter de sus habitantes. Situados entre los cauces de los ríos Pas, Pisueña y Miera, los abundandes y verdes prados del país pasiego acogen al visitante con todo su colorido y le invitan a descubrir un mundo distinto. Allí encontrará un modo de vida casi olvidado, hermosas montañas cubiertas de hierba fresca y destacados monumentos civiles y religiosos, pero también los típicos sobaos y quesadas, exquisitos dulces que se elaboran artesanalmente. Un territorio distinto. La comunidad de Cantabria reúne, a pesar de su limitada extensión, numerosos y variados lugares de enorme interés. Además del atractivo turístico y paisajístico que despiertan las zonas costeras, el magnífico patrimonio histórico-artístico de algunas localidades como Santander, Santillana del Mar o Comillas y el infinito valor de las distintas cuevas prehistóricas, el interior de la región nos ofrece la posibilidad de descubrir espléndidos valles fluviales que esconden numerosas aldeas donde se han sabido conservar las más antiguas tradiciones cántabras y donde el viajero encontrará una gran riqueza cultural, etnográfica y arquitectónica.
En su lento descenso hacia el mar Cantábrico, los ríos Pas, Pisueña y Miera dibujan, al abrigo de las montañas orientales de Cantabria, una extensa zona verde repleta de ricos pastos, por lo que no es de extrañar que todavía sean el pastoreo y la ganadería las principales actividades de estas tierras. Tierras donde aún perviven la mudanza (traslado de numerosos objetos y útiles de la cabaña de los pastos bajos a la de los altos), el palancu (vara que se utiliza para cruzar los arroyos), el cuébano (cesto para llevar a los bebés) o el fiu (un préstamo monetario entre particulares que no necesita la firma de ningún papel). Una acogedora villa medieval rodeada de cuevas prehistóricas. es Puente Viesgo. El pueblo, regado por el Pas, debe su fama a las cuevas prehistóricas halladas a los pies del Monte Castillo, a su coto para la pesca del salmón, considerado por muchos como el mejor de España, y a su antiguo balneario.
En 1903, el investigador Herminio Alcalde del Río descubrió la llamada Cueva del Castillo en el monte del mismo nombre. Posteriormente se descubrieron otras cavernas que contenían pinturas rupestres parietales: La Pasiega (1911), Las Monedas (1952) y Las Chimeneas (1953), aunque éstas dos últimas, por razones de conservación, se hallan cerradas al público. Para las visitas de las otras se ha establecido un recorrido de cuarenta y cinco minutos de duración en grupos de, como máximo, veinte personas. A pesar de que es probable que estas pinturas rupestres no superen en calidad artística a las de Altamira, estas cuevas, en su conjunto, pueden considerarse el repertorio de arte prehistórico más importante de la región. La Cueva del Castillo nos ofrece numerosas representaciones polícromas de animales entre las que destacan las excepcionales figuras de un bisonte, dibujado en la llamada roca tótem, y un elefante, así como distintos signos de mágico simbolismo: alineaciones de puntos rojos o unas manos en negativo. Las Monedas, originalmente denominada «de los osos» por los huesos de este animal que se hallaron en el interior, destaca por la presencia de dibujos de renos, animales poco frecuentes en el repertorio de estos milenarios artistas. Por último, las pinturas de Las Chimeneas, dibujadas con trazo negra, se agrupan en una pequeña galería, mientras que en las intrincadas galerías de La Pasiega aparece un amplio muestrario faunístico. Un hermoso puente que salva el Pas nos permite acceder al Balneario, cuyas aguas termales, muy indicadas para la hipertensión, el reumatismo o las enfermedades del corazón, ya eran famosas en 1776. Sin duda, es un excelente lugar para el descanso y la tranquilidad, sobre todo porque el edificio ha sido perfectamente actualizado y modernizado. Más o menos a los pies de estos edificios, bañados por el río, comienza el coto de pesca de Puente Viesgo que cualquier visitante, aunque no sea pescador, debería recorrer por el sendero de piedra que bordea la orilla para disfrutar de un fantástico espectáculo paisajístico. Ciertamente, los alrededores de Puente Viesgo se presentan como un espléndido lugar para la práctica del senderismo. Castañeda, cuya colegiata de Santa Cruz forma junto con las de Santillana y San Martín de Elines el trío monumental más importante del románico cántabro.
Situada en Socobio, uno de los barrios de Castañeda, ya era una importante abadía en el siglo XII. Según los expertos, los elementos más interesantes son el ábside izquierdo, el crucero, el cimborrio octogonal y la magnífica cúpula. También puede verse la capilla de Juan de Frómesta, con bello retablo y levantada en honor de ese indiano, que durante muchos años envió periódicamente notables sumas de dinero para el mantenimiento de la colegiata. En el exterior destaca la hermosa fachada, con magníficos capiteles y canecillos, y la altura de la torre (más de 17 metros). Soto, donde podremos visitar el monasterio de la Virgen del Soto. Destaca la alta torre medieval y un precioso retablo del siglo XVII que se conserva en su interior. Estamos ya en el interior del valle de Toranzo, en un entorno natural exhuberante repleto de colores vivos e intensos y marcado, por supuesto, por el cauce del Pas, se suceden distintos pueblos, cada uno con sus pequeños o grandes encantos. En Villasevil, aldea de menos de 400 habitantes, se alza la iglesia parroquial de Santa Cecilia, magnífico ejemplo de arquitectura románica, mientras que en Santiurde de Toranzo, capital del municipio, se conserva la torre de los Bustillo, varias casonas montañesas y restos de una calzada romana. San Vicente de Toranzo y Bejorís. En la primera localidad, donde se halló una de las grandes estelas cántabras que datan de épocas prerrománicas, alberga una interesante torre medieval, así como hermosas muestras de la noble arquitectura montañesa del siglo XVIII, como la casona de Calderón de la Barca. Por su parte, Bejorís debe su fama a que de allí era originaria parte de la familia del célebre Francisco Quevedo. En Bejorís, un puente sobre el Pas nos permite entrar en Alceda, localidad prácticamente unida a Ontaneda. Rodeada de espectaculares coníferas, Alceda acoge un conjunto de casonas y palacios que, como las otras muchas que se hallan en las distintas poblaciones de esta zona, resultan de excepcional belleza. Destacan el palacio del Marqués de Mercadal, las casonas de los Ceballos y de Ruiz Bustamante o la torre-palacio de los Rueda Bustamante. Cuenta también esta localidad con un balneario indicado para las afecciones de la piel. En Ontaneda se puede visitar un pequeño museo dedicado al pintor montañés Agustín Riancho, pero, sobre todo, es un lugar muy indicado para comprar los exquisitos dulce que se elaboran en el valle del Pas: los sobaos y las quesadas. Las tres villas pasiegas.
Vega de Pas, San Pedro de Romeral y San Roque de Río Miera forman las llamadas villas pasiegas, las tres localidades más importantes del más profundo y auténtico país pasiego. Recorrer esta zona siempre resulta fascinante, ya que estas tierras parecen completamente ajenas a la vida moderna y descubrirás asombrado, que las pequeñas cabañas en las que viven la mayoría de estas gentes están en gran medida ocupadas por las tan necesarias cuadras y que en este rincón de España todavía existe la antigua transhumancia.
Para llegar hasta las tres villas pasiegas hay que continuar por la N-623 hasta Entrambestas para allí tomar la S-564. A la altura de la pequeña aldea de Hornedillo, una sinuosa carretera regional nos conduce directamente a San Pedro de Romeral. Sus típicas cabañas pasiegas están diseminadas por los montes donde, plácidamente, pasta el ganado y, si es tiempo de «muda», es decir cuando los lugareños se ven obligados a trasladarse junto con el ganado a los pastos más altos, el visitante quedará asombrado al ver por los caminos a familias enteras con su útiles a cuestas. La típica plaza de San Pedro, con iglesia y pequeño bar-tienda, es uno de los lugares donde los vecinos suelen jugar a los bolos. Desde allí, las vistas son de insuperable balleza. Después de pasar por Candolías llegamos a Vega de Pas, la principal de las villas pasiegas, que nos sorprenderá enseguida por el relativo bullicio de las gentes. Las estrechas y empedradas calles del centro urbano convergen en una plaza rodeada de casonas de gran belleza arquitectónica, entre las que se alza la espadaña de la iglesia parroquial (siglo XVII). Antes de dejar Vega de Pas es casi imprescindible visitar el pequeño museo etnográfico llamado, significativamente, Museo de las Tres Villas Pasiega. Está instalado en una pequeña ermita y en él podremos contemplar una reproducción de la típica cabaña pasiega con todos los útiles e instrumentos que desde hace mucho tiempo utilizan las gentes del lugar. Antes de proseguir nuestro camino hacia la tercera villa pasiega existe la posibilidad de realizar una bonita excursión hasta Yera siguiendo el curso del río del mismo nombre, afluente del Pas. Este paseo nos permitirá contemplar el más típico paisaje de la comarca. Para llegar hasta San Roque de Riomiera hay que salir de Vega de Pas por la S-563 en dirección a Selaya. Antes de llegar a esta localidad, la carretera asciende el puerto de la Braguia, por lo que mientras hacemos camino podremos contemplar espléndidas panorámicas de la zona. Una vez en Selaya, debemos tomar una pequeña carretera que sale hacia el este y que, pasando por Campillo, llega hasta el cauce del Miera, río de buenas truchas. A orillas de este río encontraremos San Roque, donde volvemos a encontrar el sencillo pero encantador tipismo de estas tierras. Los maravillosos prados y bosques que rodean a la villa nos siguen recordando que esta es tierra de ganaderos. Desde San Roque existe la posibilidad de llegar hasta Liérganes, siguiendo el curso del Miera, cuyas orillas acogen algunas recoletas aldeas como Ajanedo, Mirones o Rubalcaba.
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Dicen algunos que los pasiegos son gente distinta, huidiza y habituada al silencio y a la soledad. Tal vez sea cierto, pero no lo es menos que el enorme e insospechado encanto de esta comarca tiene mucho que ver con el carácter de sus habitantes. Situados entre los cauces de los ríos Pas, Pisueña y Miera, los abundandes y verdes prados del país pasiego acogen al visitante con todo su colorido y le invitan a descubrir un mundo distinto. Allí encontrará un modo de vida casi olvidado, hermosas montañas cubiertas de hierba fresca y destacados monumentos civiles y religiosos, pero también los típicos sobaos y quesadas, exquisitos dulces que se elaboran artesanalmente. Un territorio distinto. La comunidad de Cantabria reúne, a pesar de su limitada extensión, numerosos y variados lugares de enorme interés. Además del atractivo turístico y paisajístico que despiertan las zonas costeras, el magnífico patrimonio histórico-artístico de algunas localidades como Santander, Santillana del Mar o Comillas y el infinito valor de las distintas cuevas prehistóricas, el interior de la región nos ofrece la posibilidad de descubrir espléndidos valles fluviales que esconden numerosas aldeas donde se han sabido conservar las más antiguas tradiciones cántabras y donde el viajero encontrará una gran riqueza cultural, etnográfica y arquitectónica.
En su lento descenso hacia el mar Cantábrico, los ríos Pas, Pisueña y Miera dibujan, al abrigo de las montañas orientales de Cantabria, una extensa zona verde repleta de ricos pastos, por lo que no es de extrañar que todavía sean el pastoreo y la ganadería las principales actividades de estas tierras. Tierras donde aún perviven la mudanza (traslado de numerosos objetos y útiles de la cabaña de los pastos bajos a la de los altos), el palancu (vara que se utiliza para cruzar los arroyos), el cuébano (cesto para llevar a los bebés) o el fiu (un préstamo monetario entre particulares que no necesita la firma de ningún papel). Una acogedora villa medieval rodeada de cuevas prehistóricas. es Puente Viesgo. El pueblo, regado por el Pas, debe su fama a las cuevas prehistóricas halladas a los pies del Monte Castillo, a su coto para la pesca del salmón, considerado por muchos como el mejor de España, y a su antiguo balneario.
En 1903, el investigador Herminio Alcalde del Río descubrió la llamada Cueva del Castillo en el monte del mismo nombre. Posteriormente se descubrieron otras cavernas que contenían pinturas rupestres parietales: La Pasiega (1911), Las Monedas (1952) y Las Chimeneas (1953), aunque éstas dos últimas, por razones de conservación, se hallan cerradas al público. Para las visitas de las otras se ha establecido un recorrido de cuarenta y cinco minutos de duración en grupos de, como máximo, veinte personas. A pesar de que es probable que estas pinturas rupestres no superen en calidad artística a las de Altamira, estas cuevas, en su conjunto, pueden considerarse el repertorio de arte prehistórico más importante de la región. La Cueva del Castillo nos ofrece numerosas representaciones polícromas de animales entre las que destacan las excepcionales figuras de un bisonte, dibujado en la llamada roca tótem, y un elefante, así como distintos signos de mágico simbolismo: alineaciones de puntos rojos o unas manos en negativo. Las Monedas, originalmente denominada «de los osos» por los huesos de este animal que se hallaron en el interior, destaca por la presencia de dibujos de renos, animales poco frecuentes en el repertorio de estos milenarios artistas. Por último, las pinturas de Las Chimeneas, dibujadas con trazo negra, se agrupan en una pequeña galería, mientras que en las intrincadas galerías de La Pasiega aparece un amplio muestrario faunístico. Un hermoso puente que salva el Pas nos permite acceder al Balneario, cuyas aguas termales, muy indicadas para la hipertensión, el reumatismo o las enfermedades del corazón, ya eran famosas en 1776. Sin duda, es un excelente lugar para el descanso y la tranquilidad, sobre todo porque el edificio ha sido perfectamente actualizado y modernizado. Más o menos a los pies de estos edificios, bañados por el río, comienza el coto de pesca de Puente Viesgo que cualquier visitante, aunque no sea pescador, debería recorrer por el sendero de piedra que bordea la orilla para disfrutar de un fantástico espectáculo paisajístico. Ciertamente, los alrededores de Puente Viesgo se presentan como un espléndido lugar para la práctica del senderismo. Castañeda, cuya colegiata de Santa Cruz forma junto con las de Santillana y San Martín de Elines el trío monumental más importante del románico cántabro.
Situada en Socobio, uno de los barrios de Castañeda, ya era una importante abadía en el siglo XII. Según los expertos, los elementos más interesantes son el ábside izquierdo, el crucero, el cimborrio octogonal y la magnífica cúpula. También puede verse la capilla de Juan de Frómesta, con bello retablo y levantada en honor de ese indiano, que durante muchos años envió periódicamente notables sumas de dinero para el mantenimiento de la colegiata. En el exterior destaca la hermosa fachada, con magníficos capiteles y canecillos, y la altura de la torre (más de 17 metros). Soto, donde podremos visitar el monasterio de la Virgen del Soto. Destaca la alta torre medieval y un precioso retablo del siglo XVII que se conserva en su interior. Estamos ya en el interior del valle de Toranzo, en un entorno natural exhuberante repleto de colores vivos e intensos y marcado, por supuesto, por el cauce del Pas, se suceden distintos pueblos, cada uno con sus pequeños o grandes encantos. En Villasevil, aldea de menos de 400 habitantes, se alza la iglesia parroquial de Santa Cecilia, magnífico ejemplo de arquitectura románica, mientras que en Santiurde de Toranzo, capital del municipio, se conserva la torre de los Bustillo, varias casonas montañesas y restos de una calzada romana. San Vicente de Toranzo y Bejorís. En la primera localidad, donde se halló una de las grandes estelas cántabras que datan de épocas prerrománicas, alberga una interesante torre medieval, así como hermosas muestras de la noble arquitectura montañesa del siglo XVIII, como la casona de Calderón de la Barca. Por su parte, Bejorís debe su fama a que de allí era originaria parte de la familia del célebre Francisco Quevedo. En Bejorís, un puente sobre el Pas nos permite entrar en Alceda, localidad prácticamente unida a Ontaneda. Rodeada de espectaculares coníferas, Alceda acoge un conjunto de casonas y palacios que, como las otras muchas que se hallan en las distintas poblaciones de esta zona, resultan de excepcional belleza. Destacan el palacio del Marqués de Mercadal, las casonas de los Ceballos y de Ruiz Bustamante o la torre-palacio de los Rueda Bustamante. Cuenta también esta localidad con un balneario indicado para las afecciones de la piel. En Ontaneda se puede visitar un pequeño museo dedicado al pintor montañés Agustín Riancho, pero, sobre todo, es un lugar muy indicado para comprar los exquisitos dulce que se elaboran en el valle del Pas: los sobaos y las quesadas. Las tres villas pasiegas.
Vega de Pas, San Pedro de Romeral y San Roque de Río Miera forman las llamadas villas pasiegas, las tres localidades más importantes del más profundo y auténtico país pasiego. Recorrer esta zona siempre resulta fascinante, ya que estas tierras parecen completamente ajenas a la vida moderna y descubrirás asombrado, que las pequeñas cabañas en las que viven la mayoría de estas gentes están en gran medida ocupadas por las tan necesarias cuadras y que en este rincón de España todavía existe la antigua transhumancia.
Para llegar hasta las tres villas pasiegas hay que continuar por la N-623 hasta Entrambestas para allí tomar la S-564. A la altura de la pequeña aldea de Hornedillo, una sinuosa carretera regional nos conduce directamente a San Pedro de Romeral. Sus típicas cabañas pasiegas están diseminadas por los montes donde, plácidamente, pasta el ganado y, si es tiempo de «muda», es decir cuando los lugareños se ven obligados a trasladarse junto con el ganado a los pastos más altos, el visitante quedará asombrado al ver por los caminos a familias enteras con su útiles a cuestas. La típica plaza de San Pedro, con iglesia y pequeño bar-tienda, es uno de los lugares donde los vecinos suelen jugar a los bolos. Desde allí, las vistas son de insuperable balleza. Después de pasar por Candolías llegamos a Vega de Pas, la principal de las villas pasiegas, que nos sorprenderá enseguida por el relativo bullicio de las gentes. Las estrechas y empedradas calles del centro urbano convergen en una plaza rodeada de casonas de gran belleza arquitectónica, entre las que se alza la espadaña de la iglesia parroquial (siglo XVII). Antes de dejar Vega de Pas es casi imprescindible visitar el pequeño museo etnográfico llamado, significativamente, Museo de las Tres Villas Pasiega. Está instalado en una pequeña ermita y en él podremos contemplar una reproducción de la típica cabaña pasiega con todos los útiles e instrumentos que desde hace mucho tiempo utilizan las gentes del lugar. Antes de proseguir nuestro camino hacia la tercera villa pasiega existe la posibilidad de realizar una bonita excursión hasta Yera siguiendo el curso del río del mismo nombre, afluente del Pas. Este paseo nos permitirá contemplar el más típico paisaje de la comarca. Para llegar hasta San Roque de Riomiera hay que salir de Vega de Pas por la S-563 en dirección a Selaya. Antes de llegar a esta localidad, la carretera asciende el puerto de la Braguia, por lo que mientras hacemos camino podremos contemplar espléndidas panorámicas de la zona. Una vez en Selaya, debemos tomar una pequeña carretera que sale hacia el este y que, pasando por Campillo, llega hasta el cauce del Miera, río de buenas truchas. A orillas de este río encontraremos San Roque, donde volvemos a encontrar el sencillo pero encantador tipismo de estas tierras. Los maravillosos prados y bosques que rodean a la villa nos siguen recordando que esta es tierra de ganaderos. Desde San Roque existe la posibilidad de llegar hasta Liérganes, siguiendo el curso del Miera, cuyas orillas acogen algunas recoletas aldeas como Ajanedo, Mirones o Rubalcaba.
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Dicen algunos que los pasiegos son gente distinta, huidiza y habituada al silencio y a la soledad. Tal vez sea cierto, pero no lo es menos que el enorme e insospechado encanto de esta comarca tiene mucho que ver con el carácter de sus habitantes. Situados entre los cauces de los ríos Pas, Pisueña y Miera, los abundandes y verdes prados del país pasiego acogen al visitante con todo su colorido y le invitan a descubrir un mundo distinto. Allí encontrará un modo de vida casi olvidado, hermosas montañas cubiertas de hierba fresca y destacados monumentos civiles y religiosos, pero también los típicos sobaos y quesadas, exquisitos dulces que se elaboran artesanalmente. Un territorio distinto. La comunidad de Cantabria reúne, a pesar de su limitada extensión, numerosos y variados lugares de enorme interés. Además del atractivo turístico y paisajístico que despiertan las zonas costeras, el magnífico patrimonio histórico-artístico de algunas localidades como Santander, Santillana del Mar o Comillas y el infinito valor de las distintas cuevas prehistóricas, el interior de la región nos ofrece la posibilidad de descubrir espléndidos valles fluviales que esconden numerosas aldeas donde se han sabido conservar las más antiguas tradiciones cántabras y donde el viajero encontrará una gran riqueza cultural, etnográfica y arquitectónica.
En su lento descenso hacia el mar Cantábrico, los ríos Pas, Pisueña y Miera dibujan, al abrigo de las montañas orientales de Cantabria, una extensa zona verde repleta de ricos pastos, por lo que no es de extrañar que todavía sean el pastoreo y la ganadería las principales actividades de estas tierras. Tierras donde aún perviven la mudanza (traslado de numerosos objetos y útiles de la cabaña de los pastos bajos a la de los altos), el palancu (vara que se utiliza para cruzar los arroyos), el cuébano (cesto para llevar a los bebés) o el fiu (un préstamo monetario entre particulares que no necesita la firma de ningún papel). Una acogedora villa medieval rodeada de cuevas prehistóricas. es Puente Viesgo. El pueblo, regado por el Pas, debe su fama a las cuevas prehistóricas halladas a los pies del Monte Castillo, a su coto para la pesca del salmón, considerado por muchos como el mejor de España, y a su antiguo balneario.
En 1903, el investigador Herminio Alcalde del Río descubrió la llamada Cueva del Castillo en el monte del mismo nombre. Posteriormente se descubrieron otras cavernas que contenían pinturas rupestres parietales: La Pasiega (1911), Las Monedas (1952) y Las Chimeneas (1953), aunque éstas dos últimas, por razones de conservación, se hallan cerradas al público. Para las visitas de las otras se ha establecido un recorrido de cuarenta y cinco minutos de duración en grupos de, como máximo, veinte personas. A pesar de que es probable que estas pinturas rupestres no superen en calidad artística a las de Altamira, estas cuevas, en su conjunto, pueden considerarse el repertorio de arte prehistórico más importante de la región. La Cueva del Castillo nos ofrece numerosas representaciones polícromas de animales entre las que destacan las excepcionales figuras de un bisonte, dibujado en la llamada roca tótem, y un elefante, así como distintos signos de mágico simbolismo: alineaciones de puntos rojos o unas manos en negativo. Las Monedas, originalmente denominada «de los osos» por los huesos de este animal que se hallaron en el interior, destaca por la presencia de dibujos de renos, animales poco frecuentes en el repertorio de estos milenarios artistas. Por último, las pinturas de Las Chimeneas, dibujadas con trazo negra, se agrupan en una pequeña galería, mientras que en las intrincadas galerías de La Pasiega aparece un amplio muestrario faunístico. Un hermoso puente que salva el Pas nos permite acceder al Balneario, cuyas aguas termales, muy indicadas para la hipertensión, el reumatismo o las enfermedades del corazón, ya eran famosas en 1776. Sin duda, es un excelente lugar para el descanso y la tranquilidad, sobre todo porque el edificio ha sido perfectamente actualizado y modernizado. Más o menos a los pies de estos edificios, bañados por el río, comienza el coto de pesca de Puente Viesgo que cualquier visitante, aunque no sea pescador, debería recorrer por el sendero de piedra que bordea la orilla para disfrutar de un fantástico espectáculo paisajístico. Ciertamente, los alrededores de Puente Viesgo se presentan como un espléndido lugar para la práctica del senderismo. Castañeda, cuya colegiata de Santa Cruz forma junto con las de Santillana y San Martín de Elines el trío monumental más importante del románico cántabro.
Situada en Socobio, uno de los barrios de Castañeda, ya era una importante abadía en el siglo XII. Según los expertos, los elementos más interesantes son el ábside izquierdo, el crucero, el cimborrio octogonal y la magnífica cúpula. También puede verse la capilla de Juan de Frómesta, con bello retablo y levantada en honor de ese indiano, que durante muchos años envió periódicamente notables sumas de dinero para el mantenimiento de la colegiata. En el exterior destaca la hermosa fachada, con magníficos capiteles y canecillos, y la altura de la torre (más de 17 metros). Soto, donde podremos visitar el monasterio de la Virgen del Soto. Destaca la alta torre medieval y un precioso retablo del siglo XVII que se conserva en su interior. Estamos ya en el interior del valle de Toranzo, en un entorno natural exhuberante repleto de colores vivos e intensos y marcado, por supuesto, por el cauce del Pas, se suceden distintos pueblos, cada uno con sus pequeños o grandes encantos. En Villasevil, aldea de menos de 400 habitantes, se alza la iglesia parroquial de Santa Cecilia, magnífico ejemplo de arquitectura románica, mientras que en Santiurde de Toranzo, capital del municipio, se conserva la torre de los Bustillo, varias casonas montañesas y restos de una calzada romana. San Vicente de Toranzo y Bejorís. En la primera localidad, donde se halló una de las grandes estelas cántabras que datan de épocas prerrománicas, alberga una interesante torre medieval, así como hermosas muestras de la noble arquitectura montañesa del siglo XVIII, como la casona de Calderón de la Barca. Por su parte, Bejorís debe su fama a que de allí era originaria parte de la familia del célebre Francisco Quevedo. En Bejorís, un puente sobre el Pas nos permite entrar en Alceda, localidad prácticamente unida a Ontaneda. Rodeada de espectaculares coníferas, Alceda acoge un conjunto de casonas y palacios que, como las otras muchas que se hallan en las distintas poblaciones de esta zona, resultan de excepcional belleza. Destacan el palacio del Marqués de Mercadal, las casonas de los Ceballos y de Ruiz Bustamante o la torre-palacio de los Rueda Bustamante. Cuenta también esta localidad con un balneario indicado para las afecciones de la piel. En Ontaneda se puede visitar un pequeño museo dedicado al pintor montañés Agustín Riancho, pero, sobre todo, es un lugar muy indicado para comprar los exquisitos dulce que se elaboran en el valle del Pas: los sobaos y las quesadas. Las tres villas pasiegas.
Vega de Pas, San Pedro de Romeral y San Roque de Río Miera forman las llamadas villas pasiegas, las tres localidades más importantes del más profundo y auténtico país pasiego. Recorrer esta zona siempre resulta fascinante, ya que estas tierras parecen completamente ajenas a la vida moderna y descubrirás asombrado, que las pequeñas cabañas en las que viven la mayoría de estas gentes están en gran medida ocupadas por las tan necesarias cuadras y que en este rincón de España todavía existe la antigua transhumancia.
Para llegar hasta las tres villas pasiegas hay que continuar por la N-623 hasta Entrambestas para allí tomar la S-564. A la altura de la pequeña aldea de Hornedillo, una sinuosa carretera regional nos conduce directamente a San Pedro de Romeral. Sus típicas cabañas pasiegas están diseminadas por los montes donde, plácidamente, pasta el ganado y, si es tiempo de «muda», es decir cuando los lugareños se ven obligados a trasladarse junto con el ganado a los pastos más altos, el visitante quedará asombrado al ver por los caminos a familias enteras con su útiles a cuestas. La típica plaza de San Pedro, con iglesia y pequeño bar-tienda, es uno de los lugares donde los vecinos suelen jugar a los bolos. Desde allí, las vistas son de insuperable balleza. Después de pasar por Candolías llegamos a Vega de Pas, la principal de las villas pasiegas, que nos sorprenderá enseguida por el relativo bullicio de las gentes. Las estrechas y empedradas calles del centro urbano convergen en una plaza rodeada de casonas de gran belleza arquitectónica, entre las que se alza la espadaña de la iglesia parroquial (siglo XVII). Antes de dejar Vega de Pas es casi imprescindible visitar el pequeño museo etnográfico llamado, significativamente, Museo de las Tres Villas Pasiega. Está instalado en una pequeña ermita y en él podremos contemplar una reproducción de la típica cabaña pasiega con todos los útiles e instrumentos que desde hace mucho tiempo utilizan las gentes del lugar. Antes de proseguir nuestro camino hacia la tercera villa pasiega existe la posibilidad de realizar una bonita excursión hasta Yera siguiendo el curso del río del mismo nombre, afluente del Pas. Este paseo nos permitirá contemplar el más típico paisaje de la comarca. Para llegar hasta San Roque de Riomiera hay que salir de Vega de Pas por la S-563 en dirección a Selaya. Antes de llegar a esta localidad, la carretera asciende el puerto de la Braguia, por lo que mientras hacemos camino podremos contemplar espléndidas panorámicas de la zona. Una vez en Selaya, debemos tomar una pequeña carretera que sale hacia el este y que, pasando por Campillo, llega hasta el cauce del Miera, río de buenas truchas. A orillas de este río encontraremos San Roque, donde volvemos a encontrar el sencillo pero encantador tipismo de estas tierras. Los maravillosos prados y bosques que rodean a la villa nos siguen recordando que esta es tierra de ganaderos. Desde San Roque existe la posibilidad de llegar hasta Liérganes, siguiendo el curso del Miera, cuyas orillas acogen algunas recoletas aldeas como Ajanedo, Mirones o Rubalcaba.
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